La ruta de hoy iba a ser por Puebla de Lillo, en León. La mañana gris en Gijón había decidido ese destino. Cuando abandonamos la A-66, el concejo de Aller nos recibió con sol,  un café en una terraza de Pola del Pino se hizo obligatorio. El verde intenso del mes de mayo en el amplio paisaje que contemplábamos truncó la idea inicial. Paseando por la villa allerana encontramos salidas a varias rutas, apostamos ignorantes por las foces del río Pino.

Fue todo un acierto, aunque con los primeros repechos y el fuerte desnivel inicial nos hizo pensar que teníamos que haber seguido al lago de Isoba según lo planeado. Cuando ya habíamos calentado las piernas, empezamos a disfrutar de una temperatura ideal y unas vistas espectaculares.

La ruta completa acaba en la provincia de León y tiene una longitud de 13Km (ascendiendo a los 1300m) en casi 5 horas de recorrido. Nosotros con 6 o 7km de ida y vuelta ya rompíamos el sedentarismo semanal.

Superados casi 200m metros de altura (la ruta parte a 650m) y casi tres kilómetros recorridos, empezamos a oír el río muy cerca de nosotros. Sabíamos que estábamos a punto de alcanzar el objetivo que nos marcamos, las foces del río Pino

La mezcla de piedra, verde y agua hacen del entorno algo no muy común. La banda sonora del río, con los altos decibelios que les conceden las foces haciendo de caja de resonancia, proporciona al lugar un toque de grandeza.

Nos volvemos a casa con la sensación de una grata sorpresa y un gran descubrimiento.

 

Categorías: Aller

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