Llegamos de casualidad, queríamos perdernos por las calles y caminos de Torazo en un otoño caluroso entre pocos. Dos coches que no parecían de ninguno de los lugareños salieron de una senda asfaltada. Un cartel de madera señalaba el destino, Los Llaureles. Decidimos seguir el letrero y aunque en ese momento no sabíamos que era exactamente, nos dimos cuenta pasado un buen rato cuando entramos dentro del restaurante.

Después de 1km por la estrecha carretera, llegamos a un lugar de unas 3 o 4 casas. Una de ellas era un hotel rural, a un lado, un pequeño aparcamiento ya mostraba uno de los grandes secretos del lugar, las grandes vistas de buena parte del concejo de Cabranes. Enseguida vimos que no era un restaurante cualquiera. La tranquilidad era absoluta y aunque no era hora ni de comer ni de cenar quisimos saborear ese plato sentándonos en la terraza.

Preguntamos si podíamos tomar un café y aunque no se trataba de una cafetería, muy amablemente nos sirvieron uno. El atardecer y las vistas hicieron aún más delicioso el brebaje. Lo que será sin duda un café recordado.

Al marcharnos, cuando entramos a pagar, fue cuando vimos varios premios colgando de sus paredes, entre otros de Campeonato de Pinchos de Asturias. Fue cuando nos dimos que estábamos en Los Llaureles. 

 

Categorías: Cabranes

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